Ninguno de los que bien sienten avrá que no confiesse, que de la memoria de las injurias nasce la detraction. Y por esso convenientemente se ha de poner este vicio despues de sus antecessores en este presente lugar.
Detraction es hija del odio, enfermedad sutil, secreta, y escondida, sanguijuela que chupa todo el jugo de la charidad, fingimiento de amor, destierro de la castidad interior del alma, corrompedora del corazon, y tambien de las palabras.
Assi como ay algunas mujercillas que desvergonzada y publicamente son malas, y otras que secretamente cometen mayores culpas: assi tambien acaesce entre las passiones y vicios, que unos son mas públicos y descergonzados (como es la gula y la luxuria) y otros mas secretos y dissimulados (pero mucho peores que estos) como es la hipocresia, la malicia, la tristeza mundana, la memoria de las injurias, y de la detraction de que hablamos; los quales vicios, aunque parecen una cosa, tienen otra encubierta; porque so color de virtud y de zelo encubren su veneno.
Oí una vez a ciertas personas que estaban detrayendo de otras; y reprehendiendolas yo deseo, queriendo darme satisfaction de lo que hacian, dixeronme que lo hacian por la charidad y provecho de aquel de quien detraian. yo les respondí que cessassen de aquella manera de charidad; porque no hiciessen mentiroso a aquel que dixo 91 : Perseguia yo al que secretamente de su proximo detraia. Si dices que amas al proximo, ruega secretamente por él, y no digas mal dél; porque esta manera de charidad es muy agradable a Dios.
Tú que quieres juzgar y condenar al proximo, piensa quan differentes sean los juicios de Dios del de los hombres; pues ves que Judas estuvo en el choro de los Apostoles, y el buen ladron en el numero de los homicidas; y con todo esto en un momento se hizo tan súbita mudanza de entrambos. Si alguno quisiere vencer el espiritu de la detraction, no atribuya la culpa al que la hizo, sino al demonio que se la hizo hacer; pues este es el autor universal de todos los males. Ví uno que públicamente pecó, y secretamente hizo penitencia; y aviendolo yo juzgado por malo, despues hallé que ante Dios era inocente; pues él ya con su penitencia le avia aplacado.
No tengas demasiado respeto al que delante de tí dice mal de su proximo; antes le dí: Calla hermano, porque aunque tú no hagas lo que este hace, puede ser que hagas otras cosas peores, que él por ventura no hará. Pues cómo le puedes condenar? Porque con esta sola medicina ganarás dos cosas: curarás a tí, y tambien al proximo.
Entre los caminos que ay para alcanzar perdon de los peccados; este es muy breve; conviene saber, no juzgar a nadie; porque verdadera es aquella sentencia que dice 92 : No querais juzgar, y no sereis juzgados. Muy contraria es el agua al fuego: y assi el juzgar al espiritu de la verdadera penitencia. Aunque veas peccar a otro quando está para espirar, no lo condenes. Algunos ay que públicamente cayeron en grandes peccados; los quales despues secretamente hicieron mayores bienes. Y por esto se engañan los que juzgan las vidas de los otros, siguiendo mas el humo que el sol: esto es, la sospecha que el claro conoscimiento de la verdad. Oidme (ruegoos) los que sois malos juezes de los otros. Si es verdad (como lo es) que con el juicio que cada uno juzgare, será juzgado 93 : claro está que en las cosas que culpáremos a nuestros proximos, en estas mismas vendremos por justo juicio de Dios a ser culpados.
La causa porque somos tan faciles en juzgar los delitos de los otros, es porque no tenemos el cuidado que debiamos tener de llorar y enmendar los nuestros. Porque si alguno, quitado a parte el velo del amor propio, mirare diligentemente sus males, ningun pecado le fatigará mas en esta vida que este; considerando que no tiene tiempo sufficiente para llorarse, aunque le quedassen cien años de vida, y aunque viesse el rio Jordan convertido en lagrimas manar de sus ojos. Miré atentamente la figura y naturaleza del llanto, y no hallé en él rastro de detraction ni condenacion de nadie.
Los demonios procuran siempre una de dos cosas; o de hacernos peccar, o de hacernos juzgar a los que peccan; para que como los crueles homicidas con estos segundo destruyan lo primero. A lo menos señal muy cierta es de que guarda la memoria de las injurias, y de que tiene el corazon dañado con invidia, el que facilmente vitupera y calumnia la doctrina y las obras del proximo; porque la causa desto suele ser el espiritu de odio en que miserablemente está el hombre caído y despeñado. Conocí yo algunos que secretamente cometian grandes peccados; los cuales por parescer justos, agravaban y encarescian mucho los peccados veniales de los otros.
Juzgar no es otrra cosa que usurpar desacatadamente la silla y dignidad de Dios, a quien solo pertenesce el officio de juzgar los otros. Condenar al proximo no es otra cosa que matar el hombre a sí mismo. Assi como la sobervia sola son otro algun vicio es bastante para condenar al que la tiene; assi tambien lo es en casos el juzgar y condenar a otro; pues veemos que el Phariseo del Evangelio por esta causa fue condenado 94 .
El sabio vendimiador coge la ubas maduras, y dexa las verdes: y el Religioso y prudente varon anda siempre notando con grande estudio las virtudes de los otros; mas por el contrario el necio siempre anda escudriñando sus deffectos, segun aquello que está escripto 95 : Pusieronse a escudriñar las maldades, y desfallescieron escudriñando en este escrutinio. La summa de todo esto sea, que aunque con los ojos veas peccar a uno, no por esso le condenes ni te fies dellos; porque tambien estos se pueden engañar.