Penitencia es una manera de renovacion del Sancto Bautismo. Penitencia es comprador de humildad. Penitencia es repudio perpetuo de consolacion corporal. Penitencia es un corazon descuidado de sí mismo por el continuo cuidado de satisfacer a Dios, el qual siempre se está acusando y condenando. Penitencia es hija de la esperanza, y destierro de la desesperacion. Penitencia es reo libre de confusion, por la esperanza que tiene en Dios. Penitencia es reconciliacion del Señor, mediante las buenas obras contrarias a los peccados. Penitencia es purificacion de la conciencia. Penitencia es sufrimiento voluntario de todas las cosas que nos pueden dar pena. Penitencia es official de trabajos y tormentos proprios. Penitencia es una fuerte affliction del vientre, y una vehemente affliction y dolor del anima.
Todos los que aveis offendido a Dios, venid de todas partes, y juntaos, y oid, y contaros he quan grandes cosas para edifficacion vuestra descubrió Dios a mi anima. Pongamos en el primero y mas honrado lugar desta narracion las obras penitenciales de aquellos venerables trabajadorees que voluntariamente tomaron estado y habito de siervos amenguados. Oygamos, miremos, y obremos los que fuera de nuestra esperanza caimos, conforme a lo que vieremos en este dechado. Levantaos y assentaos los que por la culpa de vuestras maldades etais caidos, y oíd atentamente todas mis palabras, inclinad vuestros oidos los que deseais por verdadera conversion bolveros a Dios.
Pues como oyesse yo, pobre y falto de virtud, que era grande y muy estraño el estado y humildad de aquellos sanctos penitentes que moraban en aquel Monasterio apartado, que se llamaba Carcel, de que arriba hicimos mencion, el qual estaba cerca del otro Monasterio mas principal, rogué a aquel sancto Padre me hiciese llevar allá, para ver lo que allí passaba. Concedióme él esto benignamente, no queriendo entristecer mi anima en alguna cosa.
Pues como yo viniesse al Monasterio, o por mejor decir, a la Religion de los que lloran, vi ciertamente, si es licito decir, cosas que el ojo del negligente no vió, y la oreja del descuidado no oyó, y en el corazon del perezoso no cupieron: vi, digo, palabras, exercicios, y cosas poderosas para hacer fuerza a Dios, y para inclinar su clemencia con gran presteza. Porque algunos de aquellos sanctos reos vi estar las noches enteras al sereno velando hasta la mañana. Y quando eran combatidos y cargados de sueño, hacian fuerza a la naturaleza, sin querer tomar descanso; antes se reprehendian y injuriaban a sí mismos; y assi tambien despertaban a los otros sus compañeros, mirando al cielo dolorosamente, y pidiendo de alli el socorro con gemidos y clamores.
Otros vi que estaban en la oracion atadas las manos atrás, a manera de presos y reos, é inclinando ácia la tierra sus rostros amarillos, decian a voces que no erna dignos de levantar los ojos al cielo, ni hablar con Dios en la oracion, por la confusion de su conciencia; diciendo que no hallaban ni de qué ni como hacer oracion, y assi offrescian a Dios sus animas calladas y enmudecidas, llenas de tinieblas y confusion. Otros vi que estaban assentados en el suelo, cubiertos de ceniza y de cilicio, escondido el rostro entre las rodillas, dando en tierra con la frente. Otors vi estár siempre hiriendose en los pechos, los quales parescia que arrancaban el anima del cuerpo con grandes suspiros. Entre estos avia algunos que rociaban el suelo con lagrimas, y otros que miserablemente se lamentaban porque no las tenian. Muchos dellos daban grandes alarido sobre sus animas (como se suele hacer sobre los cuerpos de los muertos) no pudiendo sufrir el angustia de su espiritu.
Otros avia que bramaban en lo intimo de su corazon, reteniendo dentro de sí el sonido de los gemidos: y algunas veces no pudiendo contenerse, subitamente rebentaban dando voces. Vi alli algunos que en la figura del cuerpo, y en los pensamientos, y en las obras parescia que estaban como alienados y attonitos, y hechos como marmoles por la grandeza del dolor, cubiertos de tinieblas, y bueltos casi insensibles para todas las cosas desta vida; los quales avian ya sumido sus animas en el abysmo de la humildad, y secado las lagrimas de los ojos con el fuego de la tristeza. Otros vi estár alli assentados en tierra, tristes, abaxados los ojos, y meneando muchas veces las cabezas, y arrancado gemidos y bramidos, a manera de leones, de lo intimo de su corazon.
Entre estos avia algunos que llenos de esperanza, buscando la perfecta remision de sus peccados, hacian oracion. Otros con una innefable humildad se tenian por indignos de perdon, diciendo que no erna bastantes para dar cuenta de sí a Dios. Unos avia que pedian ser aqui atormentados, porque en la otra vida hallasen misericordia: y otros avia que cargados y quebrantados con el peso de la conciencia, decian que les bastaria ser librados de los tormentos eternos, aunque no gozassen del Reyno de Dios, si esto fuera possible.
Vi alli muchas animas humildes y contritas, y con el grande peso de la penitencia inclinadas y abaxadas al suelo, las quales hablaban y decian tales palabras a Dios, que pudieran con ellas mover a compassion aun las mismas piedras; porque desta manera, puestos los ojos en tierra, decian: Sabemos muy bien, sabemos que de todos los tormentos y penas somos merescedores, y con mucha razon; porque no somos bastantes para satisfacer por la muchedumbre de nuestras deudas, aunque juntassemos todo el mundo a que rogasse por nosotros. Y por tanto solo esto pedimos, solo esto oramos, por solo esto con toda la atencion de nuestro animo, Señor, te supplicamos que no nos arguyas en tu furor, ni nos castigues con tu ira, ni nos atormentes conforme a las justissimas leyes de tu juicio, sino mas blanda y misericordiosamente. Porque ya nos contentariamos con quedar libres de aquella espantosa y terrible amenaza tuya, y de aquellos tormentos ocultos y nunca vistos ni oidos; porque no osamos pedirte que del todo seamos libres de trabajos y penas. Porque con que rostro, o con qué animo nos atreveremos a esto, aviendo quebrantado nuestra profession, y ensuciadola despues de aquel primero y misericordiosissimo perdon?
Alli por cierto, o dulcissimos amigos, alli vierades las palabras de David puestas por obra 52 : vierades unos hombres cargados de tribulaciones y miserias, y encorbados continuamente, andar tristes todos los dias, echando hedor de los cuerpos ya medio podridos con el mal tratamiento que les hacian: los cuales como vivian sin cuidado de su propia carne, a veces se olvidaban de comer su pan, y otras lo juntaban con ceniza, y mezclaban el agua con gençmidos. Los huessos se le avian pegado a la piel, y ellos se avian secado como heno. No oyerades entre ellos otras palabras sino estas: Ay, ay miserable de mí! miserable de mí! justamente, justamente. Perdona, Señor: perdona Señor. Y otros decian: Apiadate, apiadate, Señor. Muchos dellos vierades alli que tenian las lenguas sacadas a fuera, a manera de perros sedientos: otros que se estaban atormentando y quemando al resistidero del sol; y otros por el contrario, que se affligian con muy recio frio. Otros avia que gustaban un poquitico de agua por no secarse de sed, y con solo esto se contentaban, sin beber todo lo que les era necessario. Otros assimismo comían un poquito de pan, y arrojaban lo demás, diciendo que no eran merescedores de comer manjar de hombres, pues avian vivido como bestias.
Entre tales exercicios qué lugar podia tener alli la risa, o la palabra ociosa, o la ira? o el furor? Apenas sabían si entre los hombres avia ira; en tanta manera el officio de llorar avia apagado en ellos la llama del furor. Dónde estaba alli la porfia? dónde el alegria desordenada? dónde la vana concianza? dónde el regalo y cuidado del cuerpo? dónde siquiera un humo de vanagloria? dónde la esperanza de deleytes? dónde la memoria del vino? dónde el comer de las frutas? y el regalo de la olla cocida? y el appetito y deleytes de la gula? De todas estas cosas no avia alli memoria ni esperanza. Mas por ventura congoxabalos el cuidado de alguna cosa terrena? Mas por ventura entendian en juzgar alli los hechos de los hombres? Nada desto hallarades alli; sino todo su estudio era llamar al Señor, y sola la voz de la oracion entre ellos se oía.
Unos avia que hiriendo fuertemente los pechos, como si ya estuvieran a las mismas puertas del cielo, decian al Señor: Abrenos, piadoso juez, la puerta: abrenos, ya que nosotros con nuestros peccados la cerramos. Otro decia: Muestranos, Señor, tu rostro, y seremos salvos. Otro decia: Aparesce, Señor, a estos pobrecillos que están en tinieblas de muerte. Otro decia: Presto, Señor, seamos prevenidos con vuestras misericordias; porque estamos luy empobrecidos. Algunos otros decian: Por ventura el Señor tendrá por bien embiar su luz sobre nosotros? por ventura nuestra anima ha llegado ya a acabar de pagar esta deuda intolerable? Por ventura bolverá el Señor otra vez a tener contentamiento de nosotros, o le oiremos alguna vez decir a los que están presos: Salid libres; y a los que están assentados en el infierno de las tinieblas: Recibid luz?
Tenian la muerte siempre ante los ojos, y unos a otros preguntaban y decian: Qué os parece que será, hermano? qué fin será el nuestro? qué sentencia será aquella? Por ventura nuestra oracion ha podido llegar ya ante la presencia del Señor, o ha sido con razon desechada y confundida dél? Y si llegó a él, qué tanto pudo? quánto le aplacó? quánto aprovechó? quánto obró? porque salida de cuerpos y labios tan sucios, poca fuerza avia ella de tener. Por ventura los Angeles de nuestra guarda avrán ya acercadose a nosotros, o están todavia lexos? Pues si ellos no se nos acercan inutil y sin fructo será todo nuestro trabajo; porque no tendrá nuetra oracion ni virtud de confianza, ni alas de limpieza con que pueda llegar a Dios, si los Angeles que tiene cargo de nosotros no lo toman y se la offrescen.
Algunas veces se preguntaban unos a otros, y decian: Por ventura aprovechamos algo, hermanos? por ventura alcanzarémos lo que pedimos? por ventura nos recibirá el Señor, y nos recogerá en su seno como antes? A esto respondian los otros: Quien sabe, hermanos, como dixeron los Ninivitas 53 , si el Señor revocará su sentencia, y alzará la mano de su azote de nosotros? Nosotros a lo menos no dexemos de hacer lo que es de nuestra parte: si él nos abriere la puerta, bien está; y si no, bendito sea él que justamente nos la cerró. Nosotros perseverémos llamando hasta el fin de nuestra vida, para que vencido él con nuestra perseverancia, nos abra la puerta de su misericordia: porque benigno es y misericordioso. Con estas y otras semejantes palabras se despertaban é incitaban al trabajo, diciendo: Corramos, hermanos, corramos; porque necessario es correr, y mucho correr; pues caimos de aquel tan alto estado de nustra compañia. Corramos, hermanos, y no perdonenos a esta sucia y mala carne, sino crucifiquemosla, pues ella primero nos crucificó. Esto es lo que aquellos bienaventurados decian y hacian.
Tenian hechos callos en las rodillas del continuo uso de la oracion, los ojos estaban desfallescidos y hundidos dentro de sus cuencas, y los prelos de las cejas caidos. Las mexillas tenian embermejecidas y quemadas con el ardor de las lagrimas hervientes que por ellas corrian. Las caras estaban flacas y amarillas, y como de muertos. Los pechos tenian lastimados con los golpes que en ellos se daban; y a algunos les salia la saliva de la boca mezclada con sangre. Dónde estaba alli el regalo de la cama, y la curiosidad de las vestiduras? Todo estaba roto, y sucio, y cubierto de piojos y pobreza. Qué comparacion ay entre estos trabajos y los de aquellos que son aqui atormentados de los demonios, o de aquellos que lloran sobre los muertos, o de los que viven en destierro, o la pena de los parricidas y malhechores? Todos estos tormentos que contra su voluntad padescen los hombres, son muy pequeños, comparados con las penas voluntarias que estos sanctos padescian. Mas pidoos, hermanos, que no tengais por fabuloso esto que aqui decimos.
Rogaban estos sanctos varones algunas veces a aquel gran juez, al pastor digo, del Monasterio (que era un Angel entre hombres) que les mandasse echar cadenas de hierro al cuello y a las manos, y los metiesse de pies en un cepo, y no los sacasse de alli hasta que los llevasse a la sepultura.
Mas quando se llegaba ya la muerte, era cosa terrible y lastimera verlo que alli passaba; porque quando veian a uno estar ya para espirar, mientras tenia el juicio entero, se ponian los otros al derredor dél llorando, y con un habito y figura miserable, y muy mas tristes palabras meneaban las cabezas, y preguntaban al que partia, diciendole: Qué es esso, hermano? cómo se hace contigo? qué dices? qué esperas? qué sospechas? alcanzaste lo que con tanto trabajo buscabas? llegaste donde deseabas? has conseguido tu esperanza? tienes firme confianza en Dios; o estás aun todavia vacilando? alcanzaste verdadera libertad de espiritu? sentiste por ventura alguna luz en tu corazon; o estás aun todavia lleno de tinieblas y confusion? ha sonado en tus oidos aquella voz de alegria que pedia David 54 ; o por ventura te paresce que oyes la otra que dice: Vayan los peccadores al infierno 55 : o, Atado de pies y manos echadle en las tinieblas exteriores: o, Sea quitado el malo, para que no vea la gloria de Dios 56 ? Qué dices, hermano? Dinos, rogamoste, para que por este medio podamos conjecturar lo que nos está aparejado: porque tu plazo ya es llegado, y nunca lo bolverás mas a recobrar; pero nuestra causa está pendiente.
A esto respondian unos, diciendo 57 : Bendito sea el Señor, que no permitió que cayessemos en los dientes de nuestros enemigos. Otros gimiendo, decian: Por ventura passará nuestra anima el agua intolerable, y el encuentro de los espiritus deste ayre? Lo qual decian ellos, considerando quan incierto sea, y quan terrible, y quan para temer aquel divino juicio. Otros mas tristemente respondian, diciendo: Ay de aquella anima que no guardó su profession entera y limpia; porque en esta hora entenderá lo que le está aparejado.
Pues como yo viesse y oyesse estas cosas, poco faltó para no caer en alguna grande desesperacion, poniendo los ojos en mi regalo y negligencia, y comparandola con la affliction de aquellos sanctos. Pues qual era, si pensais, la figura y manera del lugar donde estaban. Toda era escura, hedionda, sucia, y desgraciada: y finalmente tal merescia bien el nombre uqe tenia la Cracel. Demanera que la figura sola del lugar era maestra de lagrimas y de perfecta penitencia a quien quiera que la mirasse.
Mas sin dubda las cosas que a otros parescen difficultosas y imposibles, se hacen faciles y agradables a los que se acuerdan de como cayeron de la virtud y riquezas espirituales que poseian. Porque el anima que despojaba de la primera vestidura de la charidad, cayó de la esperanza que tenia de alcanzar aquella bienaventurada paz y tanquilidad, y perdió el sello de la castidad, y fue despojada de las riquezas de la gracia, y de la divina consolacion, y quebrantó aquel assiento que con Dios tenia capitulado, y secó aquella hermosissima fuente de lagrimas; quando se acuerda de tan grandes pérdidas como estas, es herida y compungida con tan estraño dolor, que no solo recibe con toda alegria y esfuerzo estos trabajos que diximos, mas aun procura crucificarse y despedazarse con la violencia destos exercicios, si en ella queda alguna centella viva de verdadero temor y amor de Dios.
Y tales eran por cierto las animas destos bienaventurados: los quales rebolviendo en su corazon la alteza de la virtud y estado de donde avian caido, Acordamonos, decian, de la felicidad de aquellos dias antiguos, y de aquel fervor de espiritu con que serviamos a Dios. Y assi clamaban al Señor, diciendo 58 : Dónde están aquellas antiguas misericordias tuyas, las quales tan de verdad tuviste por bien mostrar a nuestras animas? Acuerdate, Señor, de la mengua y trabajo de tus siervos. Otro con el sancto Job decia 59 : Quién me pusiesse agora en aquel estado en que yo viví los primeros dias, en los quales me guardaba Dios, quando resplandescia la candela de su luz sobre mi corazon, y con ella andaba yo entre tinieblas! Desta manera trayendo a la memoria sus antiguas virtudes y exercicios, lloraban como unos niños, diciendo: Dónde está aquella pureza de oración? dónde aquella confianza con que iba acompañada? dónde aquellas dulces lagrimas que agora se nos han vuelto en amargura? dónde la esperanza de quella purissima y perfectissima castidad, y de aquella beatissima quietud que esperabamos alcanzar? dónde quella fé y lealtad para con nuestro pastor? dónde quella oracion que haciamos tan efficáz y tan poderosa? Perecieron todas estas cosas, y como si nunca fueran vistas, desfallescieron. Y diciendo estas cosas con grandes lamentaciones y gemidos, unos rogaban al Señor que entregasse sus cuerpos a todos los trabajos, para que fuessen atormentados en esta vida: otros que les diesse algunas grandes enfermedades: otros que los privasse de la vista de los ojos, y que quedassen hechos un expectaculo miserable a todos; otros que viniessen a ser toda la vida contrahechos y mendigos, con tal que fuessen librados de los tormentos eternos.
Unico. Prosigue la materia de la penitencia, dando muchos documentos della.
Yo, Padres mios, no sé como me dexé estár muchos dias entre aquellos sanctos penitentes; y arrebatado y suspenso en la admiracion de cosas tan grandes, no me podia contener. Mas bolviendo al proposito de donde salí, despues de aver estado treita dias en aquel lugar, bolvime con un corazón casi para reventar al principal Monasterio; y aquel gran Padre; el qual como vió mi rostro tan demudado, y casi como atonito, entendiendo él la causa desta mudanza, dixome:
Qué es esto Padre Juan? Viste las batallas de los que trabajan? Al quel yo dixe: Ví Padre; ví, y quedé espantado, y tengo por mas dichosos a los que a sí se lloran despues de aver caído, que a los que nunca cayeron, y no se lloran a sí; pues a aquellos sus caídas les fueron ocassión de una segurissima y beatissima resurreccion. Assi es por cierto, dixo él; y añadió mas aquella sancta y verdadera lengua.
Estaba aqui, avrá diez años, un Religioso muy solicito y diligente, y tan grande trabajador , que como yo le viesse andar con tanto fervor, comencé a aver miedo a la invidia del demonio, y a temer no tropezasse en alguna piedra el que tan ligeramente corria: lo qual suele acaescer a los que caminan apriessa. Y assi fue como yo lo temia. Veis aqui pues donde se viene a mí, y desnudame su herida, busca el emplastro, pide cauterio, y angustiase grandemente. y viedo que el Medico no queria tratarle rigurosamente, porque la culpa era digna de misericordia, echóse en el suelo, y tomóle los pies, y regandolos con muchas lagrimas pidió que le condenasse a aquella carcel, diciendo que era impossible dexar de ir a ella. Para qué mas palabras? Finalmente acabó con su fuerza que la clemencia del Medico se convirtiesse en dureza: que es cosa desacostumbrada y mucho para maravillar en los enfermos. Corre pues a este lugar, y añadase por compañero de los que lloraban, y hacese participante de su tristeza, y herido gravemente en el corazon con el cuchillo del dolor, el qual avia afilado el amor de Dios, tan grande pena recibió por averle offendido, que ocho dias despues que alli estuvo dió el espiritu al Señor. Al qual yo como a merecedor de toda honra traxé aeste Monasterio, y lo sepulté en el cementerio de los Padres. Y no faltó a quien el Señor descubrió que aun no se avia levantado de mis viles y sucios pies, quando el misericordioso Señor le avia perdonado. Lo qual no es mucho de maravillar; porque tomando él en su corazón aquella misma fé, esperanza y charidad de la pública peccadora,con las mismas lágrimas regó mis viles pies; con las cuales también alcanzó estemismo perdóneste mismo perdon. Ya me ha acaescido vér en este mundo algunas animas sucias, que servían a los amores del mundo casi hasta perder el seso; las quales tomando occasion depenitencia de la experiencia deste amor, trasladaron todo su amor en Dios, y abrazandole con una insaciable charidad, alcanzaron perdon de sus peccados, como aquella a quien fue dicho 60 : Perdonansele muchos peccados, porque amó mucho.
Bien sé, o admirables Padres, que algunos avrá a quien estas cosas sobredichas parezcan increíbles, y oras difficultosas de creer, y a otros que sean occasionde desesperación; mas al varon fuerte estas cosas mas son estimulo y saetas de fuego que enciende el fervor encendido en su corazon. Otros avrá que aunque no se enciendan tanto como estos, por no ser tales como ellos, mas con todo esso conociendo aqui su flaqueza, y confundiendose, y avergonzandose con este exemplo, alcanzarán el segundo lugar despues destos, y quizá los igualarán.
Mas el varon negligente no oyga estas cosas que avemos dicho; porque por ventura no dexe de hacer esso poco que hace con demasiada desconfianza, y se cumpla en él lo que el Señor dixo 61 : Al que no tiene (conviene saber con algria y promptitud de animo) esso poco que tiene le quitarán. Verdad es que los tales no solo de aqui, mas de quantas cosas pueden toman occasion para favorecer su negligencia.
Sepamos todos los que avemos caído en el lago de la maldad, que nunca de aí saldremos sino sumieremos en el abysmo de la humildad, que es propio de los penitentes. Mas aqui es de notar que una es la humildad triste de los que lloran, y otra la de los que peccan, quando los reprehende su conciencia; y otra es la que obra Dios en el anima de los varones perfectos, que es una rica y alegre humildad. Y no curemos de explicar con palabras esta tercera manera de humildad; porque en vano trabajarémos: mas de la segunda manera de humildad suele ser indicio de sufrimiento, y la paciencia en las injurias. Algunas veces las lagrimas dán motivo a la presumpcion que nos tiene y tyrannice; y no es esto de maravillar por la occasion que tiene en este dón.
De las caídas de los hombres, y de los juicios de Dios que en esta parte ay, nadie podrá dar entera razon; porque esta materia excede toda la facultad de nuestro entendimiento. Porque algunas caídas vienen por negligencia nuestra, otras por desamparo de Dios (que con una maravillosa y sabia dispensacion permite caer el hombre; como permitió caer al Principe de los Apostoles) y otras ay tambien que vienen por castigo de Dios, merescido por nuestros pecados: mas un Padre me affirmó que las caídas que vienen por aquella piadosa providencia de Dios, en poco tiempo se restauran; porque no permitirá él que perseveremos mucho tiempo en el mal que para nuestro provechó permitió.
Todos los que caímos, trabajemos ante todas las cosas por resistir al espiritu de la tristeza desordenada; porque esta suele acudir al tiempo de la oracion para impedirla, privandola de aquella nuestra primera confianza: no te turbes si cada dia caes y te levantas; sino persevera varonilmente, porque el Angel de la Guarda tendrá respecto a esso, ymirará tu paciencia. Quando la llaga está fresca y corriendo sangre, facil es el remedio; mas la que está ya vieja y casi afistolada dificultosissimamente sana; y esto no sin gran trabajo, ni sin cauterio, hierro, y fuego. Muchas llagas ay que el tiempo hace incurables; mas a Dios ninguna cosa es imposible. Antes de la caída nos hacen los demonios a Dios, muy piadoso; y despues della muy duro y riguroso.
No obedezcas al que despues de la caída, haciendo tú penitencia, y ocupandote en buenas obras, por pequeñas que sean, te dice que es nada todo quanto haces por razon de la culpa passada: porque muchas veces acaesció que algunos pequeños servicios y presentes basataron para mitigar la ira grande del juez; y assi las buenas obras por pequeñas que sean, aplacan a Dios, especialmente quando proceden de gran charidad y humildad de corazon. El que de verdad se aflige y castiga por sus peccados, todos los dias que no llora tiene perdidos, aunque en ellos por ventura haga algunas buenas obras; porque su principal intento es hacer penitencia. Ninguno de los que se afligen con lagrimas de penitencia piense luego que estará seguro al fin de la vida; porque lo que está incierto nadie lo puede tener por cierto. Concedeme, Señor, dice el Propheta 62 , que sea yo refrigerado; (conviene saber, con el testimonio de la buena conciencia) antes desta vida parta. Este testimonio está donde está el Spiritu Sancto, y donde está una profunda y perfecta humildad; de lo qual nadie puede tener cierta seguridad. Mas los que sin estas dos virtudes salen desta vida, no se negañen; porque todavia tienen que lastar.
Los que sirven al mundo no mueren con esta consolacion que los buenos tienen; mas algunos ay que exercitandose en limosna y obras de piedad, conoscen el provecho desto al fin de la jornada. El que entiende en llorar y hacer penitencia de sus peccados, debe andar tan ocupado en este negocio, que no tenga ojos para ver las lagrimas, ni las caidas, ni los negocios de otros. El perro que es mordido de alguna fiera, suele embravescerse contra ella ferocissimamente con el dolor de la herida; y assi suele el verdadero penitente embravescerse contra su proia carne y contra el demonio que le hirieron: y de aqui suele nascer el mal tratamiento y odio sancto contra sí mismo.
Mirémos no nos acaezca que el dexar de reprehendernos la conciencia no proceda mas de falsa confianza que de la propia inocencia. Uno de los grandes indicios que ay de estar sueltas ya las deudas, es tenerse el hombre siempre por deudor. Ni por esso es razon desconfiar porque ninguna cosa ay mayor ni igual que la misericordia de Dios; Por lo qual con sus propias manos se mata el que desespera. Tambien es señal de diligente y solicita penitencia, si de verdad nos tievieremos por merescedores de todas las tribulaciones que nos vinieren, assi visibles como invisibles, y de muchas mas.
Despues que Moysen vió a Dios en la zarza, bolvió a Egypto (que es las tinieblas del mundo) a entender en los ladrillos y obras de Pharaon; mas despues desto bolvió a la zarza que avia dexado, o por mejor decir, al monte de Dios. Assimismo aquel grande Job de rico se hizo pobre; mas despues de empobrecido le fueron dobladas las riquezas. Quien entendiere el mysterio que aqui está encerrado nunca jamas deseperará. La caida de los que han sido negligentes despues de su llamamiento, muy peligrosa es ; porque enflaquece la esperanza de alcanzar aquella quietissima tranquilidad y paz que se halla en Dios, donde tiran todos nuestros intentos. Mas los tales por muy bien librados se tendrian, si se viessen salidos de la hoya en que cayeron.
Mira diligentemente y consiera que no siempre bolvemos al lugar de do salimos por el camino que salimos, sino a veces por otro mas corto. Ví yo dos Religiosos que en un mismo tiempo, y una misma manera caminaban; de los cuales el uno ( aunque era viejo) trabajaba mucho; mas el otro ( que era un discipulo) llegó mas presto que él, y entró primero en el monumento de la humildad; la qual llamo monumento, porque por ella desea el verdadero humilde ser sepultado, anichilado, y no conoscido en los corazones de los hombres. Y la causa de aver este llegado mas presto, fue porque esso que hacia, hacia con mayor fervor, pureza, y diligencia. Guardemonos todos, y especialmente los que caimos, no vengamos a dar en el error de Origenes; el qual dixo que el dia del juicio nuestro Señor por su misericordia avia de salvar no solo a los buenos, pero tambien a los malos es muy agradable; con el qual erre derogó Origenes no solo a la verdad divina, mas a la rectitud de su justicia. En mi meditación (o por hablar mas claro) en mi penitencia, es razon que arda el fuego de la oración, el qual queme todo lo que fuera contrario. Finalmente por concluir esta materia, si deseas hacer verdadera penitencia, seante exemplo y dechado, y forma de verdadera penitencia aquellos sanctos reos de que antes hicimos mencion. Y esto te escusará el trabajo de leer muchos libros, hasta que amanezca en tu casa la luz de Christo hijo de Dios, el qual resucité tu anima con la perfecta y estudiosa penitencia.
Annotaciones sobre el capitulo precedente, del V.P. maestro Fr. Luis de Granada
Aqui puedes muy ver, Christiano Lector, de la manera que hacen penitencia aquellos a quien Dios infundio espíritu de verdadera y perfecta penitencia, y abrió los ojos con su divina luz para ver la hermosura del mismo Dios, la fealdad del pecado, el engaño del demonio, la vanidad del mundo, el rigor del juicio divino, el teror de las penas del infierno, la excellencia de la virtud, con todo lo demás. Porque del conocimiento que Dios en el anima infunde destas cosas, nasce este grande sentimiento y penitencia.
Y aunque esto por una parte parezca increible, considerada la flaqueza humana; por otra parte no lo es, considerada la virtud divina, y el espiritu de la penitencia verdadera. Porque si la charidad pertenesce realmente y con effecto amar a Dios sobre lo que se puede amar; y dolerse del peccado sobre todo lo que se puede doler (por perderse por él Dios, que assi como es el mayor bien de los bienes, assi perder a él es el mayor mal de los males) qué mucho es tener tan grande sentimiento por un tan grande mal como este es, para quien conosce lo que es? Porque si vemos cada dia los extremos que hacen algunas mugeres por muertes de sus maridos, y algunas madres por la de sus hijos, y otros por otras cosas, por las quales vienen a caer en la cama, y aun a morir de pena, y a veces a matarse con sus propias manos; que maravilla es que un anima que con lumbre del cielo entiende quanto mayor bien le era Dios mqie trodos estos bienes, y quanto más perdió en perder este bien que en la pérdida de todos ellos, haga todos estos extremos ( si assi se pueden llamar) por la pérdida de tan grande bien? Qué mucho es hgacerse mas por lo que es mejor y mas amado, que por lo que tanto menos es, y menos amado? Nuestra negligencia hace parescer increibles estas penitencias; porque de ellas de suyo no lo son.
Por aqui tambien conoscerás quales sean las penitencias que hacen oy dia los Christianos; pues tan lexos están de parescerse con estas, ni en la fuerza del dolor, ni en el rigor de la satisfaction. Mas no por esso debe nadie desconffiar y desmayar del todo viendo esto. Porque los sanctos en todas las cosas fueron extremados y aventajados a todos los otros hombres, assi en la alteza de la vida, como en la perfection de la penitencia. Por donde assi como no desmayamos leyendo sus vidas; assi tampoco lo debemos hacer leyendo sus penitencias; porque assi como no estamos obligados de necessidad a imitarlos en la perfection de lo uno, assi tampoco en la de lo otro.
Mas con todo esto utilissimamente se nos proponen sus exemplos y vidas, y el rigor de sus penitencias, para tres effectos muy principales. El primero, para que por aqui veamos la virtud de la gracia, que en subjectos tan flacos obró tan grandes maravillas; y que assi tambien las obraria en nosotros si nos dispusiessemos para ello. El segundo, para que nos encendamos y despertamos a hacer algo de lo que en ellos veemos; pues aunque seamos flacos y para poco no nos faltar´ña el mismo favor ni el mismo Señor que a ellos no faltó. El tercero, para que ya que no llegamos a esto, a lo menos siquiera nos confundamos, humillemos, y avergoncemos de ver lo que somos, y lo que hacemos, comparado con lo que ellos hicieron. La qual consideracion destierra de nuestra anima toda vana hinchazon y sobervia, y acarrea la humildad, fundamento de todas las virtudes. El qual provecho es tan grande, que le falta poco para llegar al segundo; como en este mismo capitulo está dicho. Este es el fructo que debemos sacar setas lecturas, y para esto se nos proponen, y no para desmayar ni desconfiar leyendolas.
Buenos dias, Si hablamos de penitencia, me quedo corta con lo que hay en mi vida, comparada con estos santos hombres del Señor, me marca el corazon escuchar, que la razon primordial de su penitencia es buscar la perfecta remision de sus pecados. Y aun los que se sentian indignos de perdon, lo anhelaban de corazon. y perdian la misericordia del Señor y uno de ellos quebrantado por el peso de la conciencia, decia que les bastaría ser librados de los tormentos eternos, aunque no goze del Reyno de Dios, si esto fuera posible.
Me parece casi imposible llegar a esta altura de penitencia. Pareciera que solo le toca a los santos llegar a tal altura. Pero tambien descubrio que como Cristiano estoy llamado a descubrir de esta penitencia lo que me corresponde a mi, y con fortalezar del Señor llegarla a realizar.